jueves, 21 de noviembre de 2019

Tres cosas que aprendí sobre escribir escribiendo sin pensar


El otro día tuve un sueño muy tétrico: alguien conocido metía dos bebés que eran míos en formol y, por lo tanto morían. Cuando me enteré fui a buscarlo y le dije: "Si hubiera sido uno me habría callado, pero como los has matado a los dos, voy a tener que denunciarte".

La fase REM es muy absurda e incomprensible, todos soñamos, aunque no todos podemos recordar el qué. Hay miles de páginas dedicadas a la interpretación onírica que no me producen más que risa, porque de una misma historia nocturna puedes encontrar desde significados estupentásticos y fantabulosos hasta que vas a morirte mañana.

El 10 de octubre, cuando te hablaba del placer de escribir a mano, me propuse hacerlo durante un mes nada más levantarme, y sin presión, anotando desde sueños hasta cualquier tontería que se me pasase por la cabeza a primera hora. Y he sacado conclusiones muy interesantes:

jueves, 14 de noviembre de 2019

19 maneras de morir según el subgénero de novela negra en que te encuentres


Los seres humanos tenemos la extraña manía de etiquetarlo todo. Entiendo que clasificar las cosas es necesario (sería raro que con noventa años, después de 50 en una relación estable con una persona, aún tuvieses puesto en Facebook "es complicado"), pero a veces nos pasamos de frenada. Si en cuanto a escribir pasa lo mismo, que tenemos más géneros y subgéneros que kilómetros recorrió Marco buscando a su mamá, en relación a la novela negra ya ni te cuento.

El otro día vi este tweet de Isaac Belmar:



Y aunque a él le desconcertaron los iconos en los libros yo pensé: ¿No sería genial que escoger un libro fuese tan sencillo en vez de perdernos entre tanto subgénero? Porque una de mis autoras de novela negra favoritas era Ana Bolox hasta que descubrí que no escribía novela negra, si no cozy. Pero, Ana: ¿no hay un crimen en tus novelas? ¿No se resuelve tras una investigación? ¿No es novela negra, entonces? Pues parece que no.

jueves, 7 de noviembre de 2019

El miedo a que no te lo creas



Si me preguntasen qué característica es imprescindible en un escritor y pudiese decir solo una, la primera que se me vendría a la mente sería la imaginación. Si solo pudiéramos escribir sobre cosas que nos han pasado o que hemos presenciado de manera directa, supongo que seríamos biógrafos o periodistas, pero los escritores no necesitan haberlo vivido todo. Ahí reside el truco, lo que diferencia a un escritor de otro es, al menos para mí, la capacidad de meternos en un mundo y hacernos creer que esa es nuestra realidad mientras dure la lectura.

Pero que tengamos que tirar de invenciones no significa que la investigación no sea necesaria, sobre todo si vamos a ambientar nuestra historia en el mundo real. Y esa es una de las cosas que más respeto me impone a la hora de escribir. Cada vez que meto en mis historias algo real me esfuerzo mucho en contrastarlo.

miércoles, 30 de octubre de 2019

El peor horror de un escritor


Seguro que eres consciente de que hoy, 31 de octubre, se celebra Halloween. Lo que no sabes, quizá, es por qué se celebra precisamente hoy. Para averiguarlo he ido a la fuente de toda sabiduría (aka la Wikipedia) y esto es lo que dice:

Desde la época de la Iglesia primitiva,​ importantes celebraciones cristianas (como Navidad, Pascua y Pentecostés) tienen vigilias que comienzan la noche anterior, al igual que la fiesta de Todos los Santos. Si bien la Navidad, Pascua o Pentecostés podían tener un día relacionado, la muerte de los creyentes sucedía durante todo el año, por lo que no había un día fijo, de tal forma que las conmemoraciones de todos los santos y mártires eran celebradas por varias iglesias en diferentes fechas, principalmente en la primavera.                                                                                                                                             En 609, el papa Bonifacio IV re-dedicó el Panteón en Roma a «Santa María y todos los mártires» el 13 de mayo aprovechando la festividad de Lemuria (un antiguo festival romano de los muertos). La fiesta de Todos los Santos, en su fecha actual en la Iglesia Occidental se remonta a la fundación por el Papa Gregorio III (731–741) de un oratorio en San Pedro para las reliquias «de los santos apóstoles y de todos los santos, Mártires y confesores». En 835, el Todos los Santos se cambió oficialmente del 13 de mayo al 1 de noviembre, la misma fecha que Samhain, a instancias del papa Gregorio IV.                                                                                                                                                  Algunos sugieren que esto se debió a la influencia celta, mientras que para otros fue una idea germánica. En cualquier caso, tanto los pueblos germánicos como los de cultura celta conmemoraban a los difuntos a principios de invierno probablemente porque observaban que era un momento de «morir» en la naturaleza.

No voy a contarte cómo celebra la gente de a pie este día porque seguro que conoces muchas más formas que yo. Lo que a mí me gusta ver en este día es cómo lo celebran los blogs. Algunos hacen recomendaciones de libros terroríficos, otros hablan de películas, incluso hay quien recopila frases sobre el horror (que no horrorosas). Este año yo he decidido celebrarlo a mi manera y contarte cuál es uno de los mayores horrores a los que se enfrenta un escritor.

jueves, 24 de octubre de 2019

La inocencia del primer libro


El otro día estaba en Twitter (lo sé, todo lo que empiece así no puede acabar bien, pero allá voy) cuando me habló una persona que hacía tiempo no se pasaba por ahí. Es un escritor que está empezando y hablando de esto y de lo otro, llegó a contarme que acababa de terminar su primera novela. La pregunta que me hizo fue tan franca y aparentemente simple que me dio la risa: me preguntó si yo sabía cómo podía publicar su libro.

Primero abrí mucho los ojos y subí las cejas tanto que parecía un dibujo animado justo antes de caer por un precipicio. Y luego me reí mucho. De hecho, lo que le contesté fue exactamente esto: "Jaja, publicar es de lo más difícil."

Después del ataque de risa inicial me di cuenta de que cuando empiezas, por mucho que el mundo lleve millones de años girando en el mismo sentido, no sabes casi nada. Por eso le di una respuesta obvia, pero necesaria, porque cuando acabas tu manuscrito y lo has corregido, y corregido (y corregido...) lo primero en lo que hay que pensar a continuación es en qué tipo de autor quieres ser en lo que a forma de publicación se refiere. Así que le dije que podía autopublicar en Amazon, hacer una campaña de crowdfunding con alguna editorial o buscar editoriales tradicionales y enviarles su manuscrito.

Y ¿sabes qué me contestó? Lo más puro e inocente que puede contestar alguien que ha terminado su primera novela y está empezando en esto:

jueves, 17 de octubre de 2019

Cómo gestionar bien las redes sociales si eres escritor


En septiembre viajé a Nueva York y, cómo podrás imaginar, visité un montón de sitios. Fue como meterme en los paisajes de algunos de los libros que he leído.

Cuando recorres una ciudad tan grande se agradece llegar a destino y sentarte un buen rato a descansar mientras miras aquello que has ido a ver. Pero en este viaje me he dado cuenta de que me pasa algo que no le ocurre a la mayoría de la gente:

jueves, 10 de octubre de 2019

El placer de escribir a mano


Tengo la estantería de mi salón llena de libretas cuquis sin estrenar porque, lo cierto, es que solo escribo a mano dos veces al año: cuando me voy de viaje y encuentro postales chulas que me apetece enviar, y las postales de Navidad.

No sé si te ha pasado, pero las libretas bonitas tienen un efecto curioso en un escritor: