lunes, 24 de noviembre de 2014

Lo que encontré en un cajón, de Lluvia Beltrán

Colección de relatos de diversa temática, desde la distopía hasta el desamor y la soledad pasando por historias urbanas. Incluye el relato "¿Quiénes sois?" (ganador del tercer premio en un concurso de relatos de temática zombi). 

Títulos: Escucha, ¿Quiénes sois?, Una amarga taza de café, Dentro de la novela, Señora soledad, El pasillo, Tu silencio, Si no hubiera, Yo siempre, Ausencia, El mail, Bajo las estrellas, Mente en blanco, Silencio que grita, El dragón y la mazmorra, Cruce de caminos y Relato final.

Hoy os traigo un libro que para mí ha sido una sorpresa, por varios motivos: porque no sabía que Lluvia Beltrán estuviera haciendo un libro, porque de haberlo sabido hubiera apostado que se trataría de una novela y no de una compilación de relatos cortos, y porque el libro que me he encontrado no presenta relatos cortos sin más.

Dice la autora en la sinopsis que al comprar "Lo que encontré en un cajón" nos encontraremos un libro de relatos de diversa temática, pero yo no estoy de acuerdo. Para mí este es un libro sobre el terror en todas sus formas de expresión: desde el terror al hablar sobre zombies (relato ganador del tercer premio en un concurso de relatos de temática zombi, y que es el único de ciencia ficción al completo) hasta historias cotidianas cuya vivencia podría atemorizar a cualquiera.

Es lo que cuenta pero sobre todo cómo lo cuenta lo que me ha atrapado desde el minuto uno. Todas esas cosas podría haberlas vivido yo y todas ellas dejan sentimientos de angustia, o desazón, o pena, o rabia, o impotencia...

Porque la realidad siempre supera a la ficción y porque el verdadero terror viene de la mano de los sentimientos más intensos que podemos experimentar en esta vida, es por eso por lo que debéis leer este libro.

Y para terminar, las mejores reflexiones que me he encontrado:

- Lo que más me duele de tu ausencia es el silencio.

- Si Jane Thorn levantara la cabeza, seguro que se sentiría satisfecha al ver lo que las mujeres han conseguido. O tal vez sentiría rabia al ver que en el fondo las cosas no han cambiado tanto como parece.

- Y, lo peor de todo, no hemos aprendido nada.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Tocados: Tú tienes la llave


Adrián Díaz está aparentemente viviendo su sueño. Está a punto de ser "Hamlet" sobre los escenarios y va a abandonar la hostelería para dedicarse a su vocación de actuar a tiempo completo. Lo que casi nadie sabe es que Adrián está "tocado" o, dicho de otro modo, tiene trastorno obsesivo-compulsivo. Cuando padece su última crisis de ansiedad durante un ensayo, el director le da un ultimátum: o busca ayuda profesional de forma inmediata o será reemplazado por un sustituto.

Julia Whyler es una psicóloga retirada que se especializó en el trastorno obsesivo-compulsivo tras sufrir su mayor trance personal y que vuelve a la vida pública -sin demasiado entusiasmo y aún lastrada por su traumático pasado- para presentar su primer libro: "Tú tienes la llave".

El encuentro entre ambos marcará un antes y un después en sus vidas para siempre. Con la ayuda de Julia, Adrián se enfrentará a su pasado en un extraordinario viaje emocional y tratará de encontrar la llave que le permita salir del laberinto en el que se encuentra. Pero ambos desconocen que solo Adrián posee la llave para que también Julia salga del suyo.



Se denomina TOC (o Trastorno Obsesivo Compulsivo) a la enfermedad caracterizada por "la intrusión de pensamientos no deseados y recurrentes que acaban convirtiéndose en obsesiones y que provocan la consecución de acciones repetitivas y estresantes (compulsiones). Entre estas acciones, pueden estar lavarse las manos, repetir frases al hablar, abrir y cerrar las puertas, chequear que las llaves del gas están cerradas, etc..." (definición extraída del blog Diario de un TOC, también de Damián Alcolea). Esta enfermedad está considerada por la Organización Mundial de la Salud como uno de los cinco trastornos psiquiátricos más discapacitantes.

"Tocados: Tú tienes la llave" ha llamado mi atención porque está escrito por una persona que padece TOC, y quien mejor que aquel que tiene que convivir con ello para contarnos una historia sobre alguien que tiene que lidiar día a día con esta enfermedad.

Entiendo que debe ser muy difícil vencer un trastorno cuando es el propio paciente el que, conscientemente, sabe que es irracional, que no tiene fundamento, y que no realizar las conductas repetitivas una y otra vez no le acarreará ninguna desgracia y, sin embargo, su mente no le deja salir de ese círculo vicioso al que se enfrenta todas las mañanas desde que se levanta.

Es como... Acabo de cerrar la puerta de mi casa dando dos vueltas a la llave y cuando estoy llegando al portal tengo que volver a subir y comprobarlo otra vez, porque si no quizás vendrá un ladrón y me quemará la casa. A mí me pasa algo parecido a eso, y me da rabia tener que comprobar si dejé encendida la plancha del pelo, la calefacción, o si la puerta está bien cerrada, cuando sé perfectamente la respuesta a eso porque acabo de comprobarlo todo hace menos de un minuto.

¿Tengo TOC? Afortunadamente yo solo tengo manías, y son manías porque me ocupan una parte insignificante de mi tiempo diario y de mis rutinas. Pero imaginaros tener que hacer todas esas comprobaciones absurdas una y otra vez durante, por ejemplo, una hora o media hora antes de salir de casa. Imaginaos tener que cruzar los pasos de peatones pisando solo las rayas blancas y, cuando no lo haces, tener que empezar el recorrido de cero. O lo que es peor, ¿qué pasaría si el paso de cebra estuviese sin pintar? ¿Llegaría un "tocado" a su destino? Me pongo en su lugar y siento que debe ser horroroso, sobre todo porque tu mente te obliga a hacer algo que tu propia mente sabe que no es necesario.

Y así os he puesto en situación de lo que cuenta esta novela de Damián Alcolea, una historia impregnada, estoy segura, de vivencias personales del autor que le dan un realismo que asusta. Una historia que nos da a conocer una de las enfermedades más discapacitantes y más desconocidas, puesto que quien la padece suele tardar bastante tiempo en pedir ayuda porque se siente avergonzado.

Si no me equivoco, esta es la primera novela del autor, que me sonaba por su aparición en El Internado, aquella serie de Antena 3. Y para ser la primera me he quedado gratamente sorprendida, pues cuenta con una prosa ágil, sencilla y que va directa al grano, sabiendo transmitir al lector todo lo necesario para entender al protagonista y para no querer soltar la mano de Adrián Díaz en ese camino de superación y lucha personal que ha emprendido.

Esta novela es una lectura diferente que nos permite conocer, de una manera amena y sencilla, una enfermedad que afecta a muchas personas. Sin duda, os recomiendo su lectura.

Y para terminar, como Damián Alcolea parece ser igual que una servidora, es decir: un coleccionista de frases, el libro está plagado de ellas, así que aquí os dejo una compilación de las mejores, compuestas tanto por frases conocidas como por aquellas creadas por el propio autor:

- Hay un proverbio oriental que dice: "Quien ha creado una puerta y un cerrojo también ha hecho una llave".

- Si tienes un sueño, tienes una brújula.

- Si dudas de ti mismo, estás vencido de antemano (Henrik Johan Ibsen).

- La existencia no admite representantes (Jorge Bucay).

- No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que teníamos cuando los creamos (Albert Einstein).

- Todos tenemos que luchar por dejar el pasado en su lugar.

- El mundo es redondo y cualquier lugar que pueda parecer el fin puede ser el principio (Ivy Baker Priest).

- Nunca subestimes el poder de una historia.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Ell@s: ¡Quiero vivir!, de Daniel Renau

Hola de nuevo: 

Te voy a narrar la segunda parte de esta historia que quizá sea la tuya; y si es así, recibe mis felicitaciones y parabienes. 

Mas si por el contrario no es así, si tú… 

Ya tardas. 

Hazme caso, porque, ¿te has parado a pensar que en cualquier momento puede alguien decirte que los que sois diferentes no tenéis cabida en este mundo? 

Bien pudiera ser que lo que está pasando ahora mismo por tu cabeza sea rebelarte, pero antes de que lo hagas, yo te aconsejo que estudies qué hace exactamente un cactus en un balcón. 

De nada. 

Juliet Horst 


El pasado 18 de junio os hablaba de la historia de personas que un buen día se despiertan siendo alguien del sexo opuesto, pero no como en las típicas películas que estamos acostumbrados a ver, sino que se trataba de gente que podía realizar estos cambios a su antojo y ello debido a un suceso en el que sus madres se vieron envueltas en el pasado antes de dar a luz. Esta historia era "Ell@s: No esperéis su piedad" (la reseña que le dediqué podéis leerla aquí), y hoy os traigo al blog su segunda y última parte: "Ell@s: ¡Quiero vivir!"

En esta continuación de la historia Daniel Renau nos sigue contando la trepidante historia de los "dobles" y como se desenvuelven en la sociedad, mezclándose con gente común y corriente de todos los ámbitos y de las más altas esferas para conseguir su principal objetivo: sobrevivir en un entorno hostil.

La segunda novela sigue centrándose en los personajes con los que terminó la primera entrega pero sin hacer más saltos generacionales, por lo que nos encontramos ante una trama más pausada que analiza más los detalles y que nos da muchas más pistas sobre lo que le deparará el futuro a los protagonistas.

En este texto nos encontramos con coherencia, realismo, con relaciones, sucesos y continuaciones que van en consonancia con la primera parte, y en donde no se deja nada al azar hasta llegar a un final que casa a la perfección con el resto de la historia y que, aunque puedes no esperarte, te deja totalmente satisfecho (por lo menos ese ha sido mi caso).

He agradecido también que el autor siguiese contando, además de con el elenco principal, con esa lista de personajes secundarios de los que me enamoré en la primera parte y que tantos momentos buenos y graciosos reparten por la historia, ofreciendo, como siempre, un contrapunto necesario a la intrigante trama principal.

Os recomiendo totalmente su lectura, tanto de la primera parte de Ell@s (si aún no la habéis leído), como de esta segunda, pues en ellas os encontraréis con un autor que sabe transmitir, enganchar, hacernos pensar y, en definitiva, llevarnos a otro mundo y adentrarnos en la historia de buen grado y sin darnos cuenta.

Y antes de dejaros las frases que más me han gustado, desde aquí hacer una mención especial a David Orell, creador también de esta segunda portada:

Apasionante. Sí. El mundo seguía girando y la estupidez seguía reinando.

Siempre había pensado que con su media naranja alguien se había hecho un zumo.


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P.D.1 Si queréis haceros con esta novela, la encontraréis disponible en Amazon pinchando aquí.

P.D.2 Y si no habéis leído la primera parte, deberíais hacerlo. El comienzo de la historia lo encontraréis aquí.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Balastos entre letras

Hola a todos. Hoy os traigo algo diferente: un relato corto pero algo más largo que aquellos que podéis leer en este blog. Esta historia la ideé un día que llevaba 48 horas sin comer para poder hacer una prueba médica. Distraerme me ayudó a no pensar que tenía hambre y que quería comerme cuatro palmeras de chocolate xddd!

Es un relato que mandé al concurso "Viajeros al tren" organizado por La Voz del Quenquén y que, aunque no fue seleccionado, a mí me sirvió de práctica para empezar a alargar las historias un poquito más. Espero que os guste:



Ahora que regresaba a casa con el rabo entre las piernas, la única manera de concentrarme en mis pensamientos era jugar con la cortina que había en aquel vagón de tren; por suerte me había tocado sentarme al lado de la ventana.

Hacía ya seis meses que había bajado en la Estación de Puentecesures, la localidad más cercana a Padrón, cuna de grandes como eran Rosalía de Castro y Camilo José Cela. El trayecto hasta Santiago era corto y yo prefería quedarme en aquel pueblo tranquilo que creía me serviría de inspiración. Recuerdo que tan pronto bajé con mi gran maleta a cuestas no podía creerme que tuviese que recorrer andando tres kilómetros si no quería gastar mis escasos ahorros en un taxi.

A mitad de camino se puso a llover y yo no pude hacer otra cosa que maldecir mi suerte y seguir caminando, al fin y al cabo, como rezan los peregrinos: “sin dolor no hay gloria”, y todo era poco si de alcanzar mi sueño se trataba.

Rememoré bajo la lluvia todas esas tardes en las que me afanaba en terminar pronto los deberes de la escuela para poder pasar el resto de la tarde tecleando en la vieja y rota máquina de escribir de la abuela. Apenas contaba con siete años, así que golpeaba las teclas sin control y sin sentido imaginándome que salía el papel donde otros podrían leer todas mis historias. Así pasaron las tardes hasta que tuve la edad y el empuje suficiente para aprender a mecanografiar correctamente de manera autodidacta, pero para aquel entonces relegué la máquina al trastero para practicar en las teclas del ordenador de papá. Y entre máquina y portátil también leía mucho, más bien devoraba, porque en esta tierra de meigas los días de lluvia no permitían hacer mucho más. Efectivamente: mi sueño siempre fue ser escritora.

En esos pensamientos estaba cuando, buscando la pensión en que debía alojarme durante los próximos seis meses, me topé con el jardín botánico de Padrón. Llegando desde Puentecesures me lo encontré a mano derecha protegido tras una majestuosa valla como hacía tiempo que no veía. La razón me decía que lo más sensato sería dejar la maleta en la habitación, darme una ducha y cambiarme de ropa antes de recorrer las calles de ese pequeño pueblo que me acogía, pero una pareja de recién casados que se hacía las fotos al lado de unos árboles de coral constituía una estampa preciosa que me invitaba a pasar.

Cerca de la gran secuoya que abrazaba el paseo central del jardín me lo volví a encontrar. Su mirada triste me hizo ver que aquel niño ilusionado con el que había compartido horas de charla en el tren se había perdido entre las vías, pues seguía triste por haber extraviado la novela que iba a presentar en el concurso en que ambos dejaríamos a un lado nuestra reciente amistad para convertirnos en rivales. 

Había tenido la oportunidad de leer los primeros capítulos del borrador de su novela. Él dijo que le faltaba pulirla pero yo no pude evitar emitir mi veredicto: el texto era malo.

Su obra contaba lo mismo de siempre: “una dama de la época victoriana afincada en Londres corría con un pañuelo blanco por la estación de tren mientras gritaba a su amado que lo estaría esperando. Él, que había ido a la capital para estudiar, debía volver a su ciudad de origen, pues su padre estaba moribundo y quería despedirse de él antes de que dijese adiós para siempre. En el tiempo que el joven permaneció al lado de su padre mandaba todas las semanas una carta a su amada, cartas que nunca llegaban a su destino. Y él, desconocedor de esa información, desilusionado por no obtener respuesta de su amada, se fue enamorando de una prima lejana que al pasar la pubertad había emergido cual patito feo en cisne”.

¡Pasajeros al tren! El grito de un niño que subía al mismo vagón en que yo me encontraba me sacó de mis pensamientos y me hizo seguir reflexionando en lo que verdaderamente me preocupaba: cuanto más pequeños más les gusta jugar a cualquier oficio, y yo me había olvidado de que ya no era una niña cuando jugué con los sentimientos de aquel escritor.

Esa novela que yo menosprecié llegó totalmente pulida y mejorada para abofetearme con fuerza en la última ronda del concurso y ganar el primer premio, y así fue como él, elegantemente, me devolvió el duro golpe que le supuso mi demoledora opinión.

A punto de cerrarse las puertas del tren que me llevaba de vuelta a casa entró él en el último momento, iba a volver a felicitarle pero no me dio tiempo a articular palabra:

- Espero que la próxima vez que des tu opinión no olvides hacer gala de la delicadeza de la que presumís las mujeres. En ocasiones no importa lo que cuentas, sino como lo cuentas, y eso ha sido precisamente lo que ha marcado la diferencia entre tú y yo.


Antes de que pudiera contestarle el tren se puso en marcha y yo seguí jugando con la cortina que había en aquel vagón, pues era la única manera de concentrarme en mis pensamientos ahora que volvía a casa con el rabo entre las piernas.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La pregunta que importa, de Isaac Belmar

Como os comentaba cuando reseñé Perdimos la luz de los viejos días, comprando esa novela el autor nos permitía descargar gratuitamente su libro de relatos breves La pregunta que importa, que es la reseña que os traigo hoy al blog.

Leer algo de Isaac Belmar es apostar sobre seguro, y esta vez no ha sido menos. Estamos aquí ante un libro que se lee en un santiamén, cargado de esos sucesos sencillos que nos hacen reflexionar y, sobre todo, gracias a los cuales conseguimos aprender y ver las cosas desde otro punto de vista.

A veces me pregunto qué leer cuando acabo una novela larga, y sin duda un libro de relatos como este es el tentempié perfecto para tomar un respiro entre obras más extensas. Algo con lo que evadirse, una lectura que no requiere esfuerzo, que engancha, y que te dejará con ganas de más.

¿Cuál es la pregunta que de verdad importa? Os animo a que lo descubráis leyendo este magnífico libro de relatos.

Y para ir abriendo boca os dejo un par de frases que os encantarán:

- Tras rostros dulces también hay malas personas.

- Entendí que la verdad era el enemigo y el arma de destrucción masiva. Si quería terminar con alguien, no tenía más que buscar la verdad o la de los suyos.

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P.D. También podéis conseguir este libro de manera gratuita gracias al pago social, que consiste en promocionarlo a través de las redes sociales. Si queréis más información la encontraréis aquí.