lunes, 19 de enero de 2015

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee

Jean Louise Finch evoca una época de su infancia en Alabama (EE. UU), cuando su padre, Atticus, decidió defender ante los tribunales a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. Matar un ruiseñor muestra una comunidad dominada por los prejuicios raciales, la desconfianza hacia lo diferente, la rigidez de los vínculos familiares y vecinales, y un sistema judicial sin apenas garantías para la población de color.


Me acerqué a este libro a través de "A sangre fría", de Truman Capote, ya que el autor era amigo de Harper Lee. Tras leer ese libro y ver la película dedicada a Capote sentí curiosidad por saber qué escribía una autora de la misma época y que también había participado en las investigaciones para la redacción de aquel libro.


"A sangre fría" y "Matar a un ruiseñor" no tienen nada que ver; salvo por el hecho de que los dos narran cosas de la vida misma de un modo directo y conciso. Aquella obra es el terror de la realidad y este libro es la realidad vista y contada por una niña que siente terror por ciertos comportamientos de los adultos y por las prohibiciones y cánones de comportamiento que ellos le marcan.

Me encontré con la prueba misma de que nacemos sin prejuicios y que es la sociedad la que nos los forma.

Sin duda una gran obra que os recomiendo y de la que podréis extraer frases como esta:

- Míster Finch, hay una especie de hombres a los cuales es preciso pegarles un tiro antes de que
uno pueda darles los buenos días. Y aun entonces, no valen el precio de la bala que se gasta
matándolos.

- En las cosas cotidianas, la gente sigue adicta a sus hábitos aun bajo las condiciones más
peculiares.