martes, 24 de febrero de 2015

Quiero que vengáis conmigo

Voy a hacer que os imaginéis cómo es mi viernes: salgo de trabajar, huelo la vida en las calles, la gente de un lado para otro, huelo el café y el zumo de piña en la terraza de un bar, huelo la pizza para ver una película, huelo una tortilla de patatas el sábado a mediodía, huelo el sofá en el descanso del domingo. Es fácil sentir todo eso, ¿verdad? Más que fácil, lo hacemos fácil porque es placentero.

Ahora voy a hacer que os imaginéis cómo es mi lunes: la persiana abierta deja entrar una claridad que me va avisando de que en breve tendré que levantarme, me lo confirma el despertador cinco minutos más tarde. Huelo el ColaCao y los cereales. Bajo y huelo cómo el asfalto y la tierra están mojados por la lluvia. Huelo el pino de vainilla que tengo en mi coche porque es mi olor preferido.

Pero al llegar al trabajo el olor no es muy agradable porque pasa justo por encima de mi puesto una tubería del cuarto de baño de arriba. Además, hay muchos malos humos, y el olor del estrés, de las malas caras y los malos modos, ese olor que puede cortarse con un cuchillo, es el peor de todos.

Al igual que en mi coche, para todo tengo un ambientador: a la recepción le echo un spray de vainilla y cierro los ojos durante un breve instante para respirar y sentirme mejor. Pero, ¿qué hacer con el resto? Es muy fácil, hay un olor que todos los que me leéis habéis percibido alguna vez y que siempre nos hace sentir mejor: el olor de la tinta electrónica que se usa en los blogs.



¿A qué huele esa tinta electrónica en concreto? ¿Por qué es especial? Porque huele a sonrisas, risas y carcajada limpia. Huele a paz, a distraernos. Huele al humo quemado que sale cuando pensamos, huele a opinión. Huele, exactamente, a hacer lo que nos gusta. Seguro que todos tenéis un olor asociado precisamente a eso.

Y así combato yo la rutina de la semana, leyéndoos y escribiendo. Y lo de escribir lo hago aquí y, por si no lo sabéis, también en otros dos blogs:



Eso es lo que hago yo entre semana: perseguir el olor de todo lo que me permite escapar de la rutina. Y os lo cuento porque me gustaría que, de vez en cuando, sigáis el olor de esta tinta electrónica tan especial y os vengáis conmigo. 

lunes, 23 de febrero de 2015

El retrato de Dorian Gray, de Óscar Wilde

Tras toda la vorágine mediática que está suscitando "50 sombras de Grey" yo casi prefiero hablaros de otro "Gray", el de Óscar Wilde, y recuperar esta reseña que hice en abril de 2013. Ahí va:

Basil Hallward es un artista que queda enormemente impresionado por la belleza estética de un joven llamado Dorian Gray y comienza a encapricharse con él, creyendo que esta belleza es la responsable de la nueva forma de su arte. Basil pinta un retrato del joven. Charlando en el jardín de Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton, un amigo de Basil, y empieza a cautivarse por la visión del mundo de Lord Henry. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que "lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos". Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian desea tener siempre la edad de cuando le pintó en el cuadro Basil. El deseo de Dorian se cumple, mientras él mantiene para siempre la misma apariencia del cuadro, la figura retratada envejece por él. Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y perversión; pero el retrato sirve como un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, con cada pecado la figura se va desfigurando y envejeciendo.

Esta obra nos muestra una metáfora curiosa sobre la belleza y la importancia que le damos en la vida. Es muy entretenido, si bien considero que ciertos párrafos que transcriben supuestos contenidos de libros que el protagonista lee no aportan nada al conjunto y hacen pesada la lectura en momentos puntuales.

Sin duda tenemos aquí una gran lección a través de una historia curiosa y original que os recomiendo leer.

El libro está plagado de frases sensacionales y llenas de contenido. Os dejo varias a continuación:

- La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla infinitamente.

- Pero me es imposible no detestar a mi familia. Imagino que se debe a que nadie soporta a las personas que tienen sus mismos defectos.

- En nuestros días un corazón roto da para muchas ediciones.

- En la actualidad las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe a sí mismo.

- Me pregunto quién definió al hombre como animal racional.

- En los días que corren la gente sabe el precio de todo y el valor de nada.

- Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no siempre somos felices.

- Existe la voluptuosidad del autorreproche. Cuando nos culpamos sentimos que nadie más tiene derecho a hacerlo. Es la confesión, no el sacerdote, lo que nos da la absolución.

- Quizá uno nunca se muestra tan natural como cuando representa un papel.

- Cuando una mujer vuelve a casarse es porque detestaba a su primer marido. Cuando un hombre vuelve a casarse es porque adoraba a su primera mujer. Las mujeres prueban suerte. Los hombres arriesgan la suya.

- La memoria, como una horrible enfermedad, le devoraba el alma.

- En el universo de los hechos no se castigaba a los malvados ni se recompensaba a los buenos. El éxito correspondía a los fuertes y el fracaso recaía sobre los débiles.



¿Qué me contáis de este libro de Wilde? ¿Lo habéis leído? Espero vuestros comentarios.

lunes, 16 de febrero de 2015

Tenemos que hablar de Kevin, de Lionel Shriver

Eva es una mujer satisfecha consigo misma. Es autora y editora de guías de viaje para gente tan urbana y feliz como ella. Casada desde hace años con Franklin, decide, ya cerca de los cuarenta, tener un hijo. Y el producto de tan indecisa decisión será Kevin. Pero, casi desde el comienzo, nada se parece a los inefables mitos familiares de la clase media urbana y feliz. Y cuando nace, Kevin es el típico bebé difícil que tortura a los padres. Y, con el tiempo, se convertirá en el terror de las niñeras, en un adolescente terrible, en el antihéroe a quien nada le interesa sino la belleza de la pura maldad. Y en ese trayecto que va desde los primeros desencantos de Eva hasta la sangrienta epifanía del joven Kevin, dos días antes de cumplir los dieciséis años, el niño es un enigma para su madre, que nunca le ha podido querer.

En una historia que parte desde el desenlace y en el que sabes cómo termina todo y qué es lo que hizo Kevin, mantener en vilo al lector es una tarea difícil que la autora no ha sabido llevar a cabo, no al menos conmigo.

Muchos de los pasajes te mantienen en vilo, enganchan. Los diálogos son de una calidad excepcional. Pero esto no es suficiente. El personaje principal, que nos cuenta la historia a través de las cartas que le manda a su marido, divaga y se recrea en descripciones de sentimientos o de cosas que no tienen demasiado que ver con el núcleo de la historia y que hacen que se pierda el interés.

Creo que la trama se habría podido contar en la mitad de páginas. Que se vaya por los cerros de Úbeda es lo que ha conseguido que a mitad del libro haya decidido saltármelo todo y leer directamente el capítulo final.

La novela podría haber sido de diez si la autora le hubiese quitado toda la paja y se hubiese centrado en lo que importa: la relación de Kevin con su madre. Esos diálogos tienen la fuerza suficiente para sostener todo el libro, hay muchas cosas geniales en la historia pero el cansancio ha podido conmigo.

A pesar de que no recomendaría el libro, sí me quedo con este par de frases:

- No sé cómo personas así pueden arreglárselas para levantar cabeza ante un verdadero desastre, tras haber utilizado reiteradamente toda su capacidad de consternación por sencillos problemas de tráfico.

- De nuevo la verdad es siempre más amplia de lo que hacemos nosotros de ella.


Y a vosotros ¿qué os ha parecido? Hay también una película, ¿la habéis visto? Porque si no es tan soporífera como el libro quizá me anime a verla, la historia central es muy potente e interesante y se merece contarla de una manera que enganche. Espero vuestra opinión en los comentarios :)

lunes, 9 de febrero de 2015

¿Hablar sobre libros nos motiva a leer más?

Cuando terminé la carrera me metí de lleno en un máster que hacía a distancia porque tenía que trabajar a jornada completa. Como comprenderéis no me quedaba mucho tiempo para leer. Si a eso le sumamos un hartazgo de lectura educativa, de libros de texto, artículos legales y un largo etcétera, es como si estuviese saturada y necesitase desconectar.

Imagen extraída de aquí
Estuve como dos o tres años sin leer apenas nada, y cuando me vi con algo de tiempo para mí y retomé la lectura poco a poco, coincidió con que empecé mi etapa bloggera. Fui descubriendo blogs sobre libros, veía reseñas hechas con mucho mimo, visitar blogs y ver las opiniones de los lectores que se pasaban por allí me animó a dejar mi primer comentario, y luego otro, y otro, y todos los que le siguieron y le siguen hoy en día.

Me gustaban las opiniones de algunos bloggeros y me pasaba por sus casas virtuales, y me quedaba. Y lo que al comienzo de los tiempos fue un blog compuesto por un batiburrillo de anécdotas y cosas de diversa índole dio paso a esta casa por la que os pasáis ahora.

Leer vuestras reseñas me animó a que yo escribiese las mías; dio pie a que me recomendaseis uno u otro libro relacionado con lo que había leído mientras también me apuntaba lecturas porque me habían gustado las opiniones que dejabais en vuestros blogs.

La pregunta que me planteo hoy es: ¿Leería tanto si no visitase blogs de temática literaria ni tuviera yo uno de características similares? Estoy segura de que no, porque no conocería ni la mitad de los libros que me he leído gracias a andar por estos lares y porque, sinceramente, compartir mis impresiones con gente a la que le apasiona leer me motiva para seguir haciéndolo.

Y a vosotros, ¿cómo os ha influido tener un blog y qué os han aportado los blogs que visitáis? Espero vuestros comentarios :)

martes, 3 de febrero de 2015

Reto: 5 líneas (2/15)

Este reto que nos propone Adella Brac, del blog Las palabras soñadas, consiste en escribir, cada mes, un relato de 5 líneas que incluya las tres palabras propuestas. Pincha aquí para saber más.


Las palabras para febrero son: retrasado, domingo y medidas.

"Me dijo que era un retrasado por no saber que los reyes eran los padres. No me creí ni una cosa ni otra, así que decidí tomar medidas para averiguarlo por mi cuenta. Sor Dunia siempre me recordaba que la paciencia era una virtud, por eso esperaría al domingo: si los señores que vinieran a verme decidían adoptarme y llevaban corona, quedaría claro que el equivocado no era yo. La verdad, creo que Alfredo no cree en los reyes magos porque aún no le han traído los papás que pidió."

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P.D. Podéis leer todos los textos del mes de febrero aquí.