lunes, 28 de marzo de 2016

El principito, de Antoine de Saint-Exupéri

Hoy recupero esta reseña de un libro que leí en enero de 2014: "El principito", un cuento que narra la historia de un piloto que se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufriera una avería; pero, para su sorpresa, es allí donde conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta. La historia tiene una temática filosófica donde se incluyen críticas sociales dirigidas a la extrañeza con la que los adultos ven las cosas, críticas que van apareciendo en el libro a lo largo de la narración. A pesar de que es considerado un libro infantil por la forma en la que se encuentra escrito también posee observaciones profundas sobre la vida y la naturaleza humana.

No estoy para nada de acuerdo con que se considere esta como una obra para niños, de infantil no tiene nada. A través de historias muy sencillas donde se relatan los viajes del Principito por diferentes planetas se van describiendo los comportamientos absurdos que tenemos los humanos, mostrando también los defectos de los que más pecamos.

La historia también contiene enseñanzas sobre cosas, tan esenciales como complicadas, como el sentido de la vida, la amistad, el amor, las costumbres o la partida de un ser querido.

De todos los personajes que el Principito nos ha descrito me quedo con el que a priori pudiera parecer más absurdo y sin embargo es el más coherente:

-Bebo para olvidar.
- ¿Para olvidar el qué?
-Que bebo.

Los vicios, la imposibilidad de dejarlos y la vergüenza que generan, sin duda una frase sencilla pero cierta para describir algo tan real como complicado.

Es, en definitiva, un libro muy corto que a través de frases muy simples explica cosas muy complejas. Sin duda os recomiendo su lectura. Y por si aún no os habéis decidido os dejo a continuación las mejores frases:

- Y el principito lanzó una graciosa carcajada que me irritó mucho. Me gusta que mis desgracias se tomen en serio.

- Este astrónomo hizo una gran demostración de su descubrimiento en un congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas mayores son así.

- Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

- Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.

- Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo, que juzgar a los otros. Si consigues juzgarte rectamente es que eres un verdadero sabio.

jueves, 17 de marzo de 2016

¿Qué es lo más difícil de escribir una novela en primera persona?

Aunque los personajes sean eso, personajes, a mí me gusta ver en ellos a personas, con sus virtudes y sus defectos. Me gusta que las novelas sean lo más fieles posibles a la realidad, es decir, está claro que si una novela es de corte fantástico hay cosas que no podrán ser reales; pero creo que las situaciones, sentimientos y comportamientos de los personajes sí deben serlo.

Si tú metes un unicornio en medio de una escena, según qué novela, a nadie le chirriará; pero si de repente aparecen comportamientos injustificados, sentimientos irreales, escenas inconcebibles, entonces habrás llegado a un punto en el que, probablemente, el lector cierre el libro y no mire atrás.

¿Qué es, entonces, lo más difícil de escribir una novela en primera persona? Que sólo puedes contar lo que tu protagonista ve, vive, o le cuentan. Pero nada más. Es imposible que el protagonista sepa que otro personaje se siente, por ejemplo, enfadado, si no ha visto nada en él que lo demuestre. Es imposible que sepa lo que ha pasado entre otros dos personajes si nadie se lo cuenta.

Un par de lectores cero de mi novela me dijeron que, en la parte final, querían saber qué había pasado exactamente entre dos de los personajes de la historia. Pero la protagonista no lo sabe exactamente, y la novela está contada en primera persona. ¿Cómo contar eso entonces?



Tenía dos opciones: o bien hacer que uno de esos dos personajes se lo contase a la protagonista en una conversación; o bien no contarlo y dejarlo a la imaginación del lector. En mi opinión, la protagonista realmente no quería saber qué había pasado exactamente, por eso opto por omitir esa conversación y dejar que el lector rellene los huecos.

¿Tenemos miedo a que los lectores completen parte de nuestra novela? Yo, desde luego, no; porque creo que una vez que publicas un texto deja de ser tuyo y pasa a ser de quien lo lee. Y creo, además, que aquellos textos en los que no mostramos todo con detalle son incluso mejores que aquellos en los que se le explica todo al lector como si estuviésemos dándole una receta que tuviese que llevar a cabo a pies juntillas.

En mis textos intento huir de lo simple, por eso procuro no tratar a los lectores como lectores simples. Creo que parte del éxito de que una persona pueda meterse en una historia es dejarle participar en ella, aunque sea un poquito.

¿Y vosotros qué preferís? ¿Que os expliquen toda la trama como si de una clase de matemáticas se tratase, o experimentar e intentar resolver vosotros mismos la ecuación? Os espero en los comentarios.

lunes, 7 de marzo de 2016

¿Es posible pasar miedo con una novela de terror?

Es más fácil pasar verdadero miedo viendo una película de terror que leyendo un libro. Recuerdo cuando fui a ver al cine "El exorcismo de Emily Rose" y estuve varios meses escuchando música en mi walkman cuando me quedaba sola en casa, porque cada ruido que oía en los pisos vecinos me alteraba (diré en mi defensa que en aquellos tiempos era una chiquilla menor de edad que tenía más cintas que CD´s, imaginaos qué época tan lejana esa).

Sumergiéndome en los libros he sentido pena, asco, indignación, alegría, intriga, nervios... He experimentado casi todo, pero algo se me resistía: el miedo. Al fin y al cabo sólo son letras, y no pueden conseguir causar el mismo impacto visual que algunas de las imágenes terroríficas que puedes ver en una pantalla, ¿o sí?

Hace poco me fui a pasar unos días a un pequeño pueblo minero en decadencia, donde la principal fuente de sustento que lo había hecho brillar durante años ya no existía. Sin posibilidades de encontrar trabajo, los jóvenes se habían ido marchando a otros sitios en busca de un futuro mejor; por eso a medida que paseaba por las pequeñas calles del centro sólo me encontraba a ancianitos (algunos de ellos sentados jugando a las cartas en plena calle), disfrutando de una vida tranquila. Encontrarse con alguien de mi edad era muy difícil, ver a algún niño, una misión casi imposible.

Por lo menos era un sitio donde relajarse, tenía un bosque impresionante que se podía apreciar desde cualquier parte. Los paseos olían a fresco, a pureza, a tranquilidad. Fue una gozada pasar unos días alejada de las preocupaciones.

He de reconocer que soy más de playa que de montaña, y más de calor que de frío; pero la nevada que me sorprendió a los pocos días de llegar fue tan impresionante y tan bonita, que me alegré de haber estado allí para contemplarla. Pero los temporales sólo son bonitos si los ves desde tu habitación con una taza de leche caliente entre las manos, cuando sales y te metes en el centro de la tempestad, la naturaleza ya no es igual de amable.

Tres excursionistas se perdieron en el bosque, los sorprendió la nevada y no pudieron regresar. Un chaval, su padre y un amigo de éste. Me fui del pueblo sin saber qué suerte habían corrido esas personas, pero seguí al tanto por las noticias (tenían cobertura en los medios porque uno de ellos era un escritor bastante conocido). Tras casi dos semanas de intensa búsqueda, y a punto de darla por finiquitada porque (seamos realistas, pocas posibilidades había de que hubieran sobrevivido a aquella nevada durante tanto tiempo), fue precisamente el escritor el que apareció en el pueblo: había vuelto por su propio pie, pero en muy mal estado, sólo le quedaban piel y huesos, y unos ojos que habían visto muchas cosas.

¿Seguro que no os suena esta noticia? Tenéis que acordaros, fue muy comentada, porque él, como bien os decía, es un escritor de best-sellers, había salido en la prensa rosa por un escándalo con su mujer. Además, lo que pasó después de que se salvara de la tormenta también fue muy comentado; prácticamente todo el mundo en ese pueblo sabía que el escritor no había vuelto solo de la montaña.

Si queréis saber más de la noticia sólo tenéis que buscar en internet el nombre del pueblo: Blackwood. Aunque, para ahorraros el trabajo, os voy a dejar dos enlaces donde podéis encontrar más información: Blackwood: piel y huesos (edición digital) y Blackwood (edición papel).


Así es como engancha este libro, haciendo que todo parezca real, como si estuvieras leyendo una noticia de sucesos pero contada con mucho detalle por alguien que lo sabe todo. Parar a coger aliento, dejar de leer durante tres días porque no sabía si estaría preparada para enfrentarme al texto de la siguiente página, aprender cómo se hace una buena descripción que cuente muestre mucho sin resultar cargante; todo eso es lo que me hizo pensar que "Blackwood: piel y huesos" es un libro que me hubiera gustado escribir a mí (y creo que ese es el mayor piropo que se le puede hacer a un libro, y que yo, hasta ahora, sólo le había dedicado a "A sangre fría", de Truman Capote).

Si os gusta el terror, tenéis que leer este libro; si os gusta el suspense y la intriga, también; pero, sobre todo, si os gusta escribir, debéis leerlo para aprender cómo se ejecuta una novela de manera magistral. Porque, como bien dice el autor, Jaume Vicent: "Uno puede escuchar muchas cosas si sabe callarse".