jueves, 15 de diciembre de 2016

¿Son los clichés útiles o necesarios en una novela?

Esta semana he leído un libro para escritores que me ha dejado pensando no sólo como escritora, sino también como lectora. En Los 4 pilares de la ficción, de Ana Bolox, entre varios consejos útiles que nos ofrece para empezar una novela y asentar las bases, nos habla de la construcción de los personajes, en especial de los protagonistas, y en relación a ello nos comenta que es posible conocer mejor al protagonista de la historia si lo vemos moverse por diferentes ambientes y que incluir un cliché en la novela también puede ayudar, aunque a priori parezca mentira.

Cuando lees una historia, por ejemplo, de esas de thriller o novela negra, quieres que la trama avance para conocer al asesino o resolver el misterio que se nos plantea. Como lectora, en momentos puntuales me molestan las tramas secundarias porque lo que yo quiero es conocer el final y despejar todas mis dudas.

Se dice que un buen principio es el que logra que el lector continúe leyendo una historia; mientras que un buen final consigue que el lector lea tu próxima novela. Tenlo presente cuando vayas a planificar el de la tuya.

Luego me sorprendo cuando veo que esas escenas aparentemente inconexas con la historia central sí tenían una relevancia y dan pistas esenciales o nos permiten conocer mejor las motivaciones de los personajes. Y al final sí me doy cuenta de que eso me aporta un valor significativo, aunque al principio no lo haya querido reconocer.


Las novelas, salvo que estén basadas en hechos reales, son pura ficción. Los hechos que narran no han ocurrido, aunque al leerlos pueda parecer que perfectamente podrían haber pasado. Cuando empezamos un libro asumimos que todo es mentira y, sin embargo, nos gustan sumergirnos en el mundo de la historia y fingir que todo es verdad. Cuanto más creemos esto, más lo disfrutamos. Es un espejismo, es una mentira, una falacia, pero muy necesaria. Es por este motivo por el que la mayoría de los lectores escogemos un libro, porque nos permite abstraernos de la realidad real para meternos de lleno en la realidad de mentira que nos cuentan y que bien podría ser verdad.

Y para que esta realidad sea completa, no sólo nos tenemos que creer el lugar en el que ocurre, el momento y los hechos, sino que también tenemos que creernos a los personajes. ¿Cómo dar profundidad a un personaje y conseguir que bien pudiera tratarse de una persona real? Una pregunta muy difícil de responder.

Has trabajado mucho en la creación de tu mundo y en tu mente está tan claro, que con frecuencia das por hecho que es así para cualquiera que se introduzca en él; pero no. El lector penetra en ese mundo sin mapa ni brújula, de modo que eres tú quien debe guiarlo, y de tu habilidad para hacerlo dependerá que el lector se sienta a gusto en ese mundo o se encuentre extraño e incluso llegue a perderse.

A mí, por ejemplo, no me gustan nada los clichés: la típica chica que es guapa y no lo sabe y de repente se convierte en un pibón; el chulo que se enamora de la fea; la rubia, guapa y perfecta antagonista que lo hace todo bien pero a la que, a pesar de eso, el protagonista no quiere; el gordito gracioso que nunca liga; etc. Creo que todos sabéis de qué estamos hablando.

Sin embargo, Ana apunta de manera muy acertada en este libro que crear personajes con clichés puede ayudarnos a hacerlos más creíbles si esas características predefinidas que todos conocemos son sólo pura fachada y esconden algo más que se va desgranando a lo largo de los capítulos.

Y si, además, en vez de centrarnos sólo en las escenas que hacen que la historia avance, creamos tramas secundarias que nos aporten información extra, y que sucedan en distintos ambientes, y que en ellos el protagonista se relacione no sólo con los personajes que son clave para la resolución del caso, sino también con aquellos otros que aporten información sobre él (como padres, pareja, vecinos o incluso la cajera de un supermercado), entonces conoceremos mejor a nuestro protagonista y entenderemos por qué es como es y por qué las cosas pasan como pasan. Y a mí, creer que la ficción es realidad y que los personajes que leo son personas que conozco, me encanta.


¿Qué es lo que más os gusta de los personajes que leéis en ficción? ¿Os molestan los clichés o creéis que en algún momento pueden ser necesarios? ¿Cuáles son los rasgos con los que más os gusta encontraros en un protagonista? Me encantará conocer vuestra opinión en los comentarios.

1 comentario:

  1. Dependiendo de la novela puede ser necesario o no. Lo que me molesta es cuando son muy repetitivos. Cuando el autor cada dos por tres se para para recalcar lo guapo o guapa que es el o la protagonista, cuando el gordito sólo está para hacer chistes continuamente y ya no tienen ni gracia, cuando la tontita ya es demasiado tontita... Entonces me canso y abandono...
    Besotes!!!

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