miércoles, 26 de diciembre de 2018

Escribir duele


Todo lo que vale la pena duele y es porque implica un esfuerzo considerable por nuestra parte para conseguirlo. Parir duele, tener un buen físico duele, sacar un título universitario duele, trabajar duele, escribir duele. Y no me refiero solo a dolor físico, sino a todo tipo de dolor.

Hace meses que me cuesta escribir y me llevó algún tiempo averiguar por qué. Estoy convencida de que si quieres que tus historias lleguen realmente al lector has de darle todo lo que tienes, y ha de salirte de dentro. En cualquier otro caso solo conseguirás una historia como otra cualquiera, que no tiene por qué ser mala necesariamente, pero que se perderá entre las demás.

Ahondar en lo que te mueve es complicado porque implica fortaleza mental para soportarlo, y no siempre se cuenta con ella. En mi caso, a veces tengo tanto que sacar de dentro que se bloquea en la puerta de salida. Eso me recuerda a un episodio de Los Simpson donde explicaban por qué el señor Burns no se moría: tenía tantas enfermedades que cuando una de ellas quería atacar al organismo chocaba con las otras y, al final, ninguna conseguía llegar a los órganos para hacerles daño.

Después también hay otro factor clave a la hora de escribir y es el sentirse libre para hacerlo. Puedes pensar que es una tontería, que por qué no vas a poder hablar sobre lo que te dé la gana, pero el escritor es el peor censor de si mismo.

El escritor no quiere contar el literal de una historia que ha visto o sufrido, pero sí usa ciertas experiencias en sus libros, y a menudo puede preguntarse si alguien conocido se sentirá ofendido, si creerá que se ha invadido su privacidad. Aunque, en realidad, no nos engañemos, los conocidos compran los libros de su amigo escritor, pero casi nunca los leen, así que ¿para qué preocuparse tanto?

También me he encontrado con el típico caso en el que te preguntan algo como: "¿Cómo es posible que ese personaje actúe / hable así? Es tan repipi/machista/retrógrado...". Que la gente asocie los personajes con su creador es tan habitual como estúpido. Si un personaje habla de una forma repipi será porque es repipi, no porque lo sea el escritor. Por eso a menudo algunos escritores se sienten cohibidos a la hora de hablar de ciertos temas, por temor a que los identifiquen con ellos. Ser libre también duele, porque tomar decisiones y convivir con que no todo el mundo las entienda es complicado.

Y en lo que a la lectura se refiere, elegir determinados libros para llevárselos a la cama también duele, porque ahondan en una parte de ti que pueden removerte sentimientos que no sabías ni que tenías y hacerte pasar un mal rato. Para eso también hay que ser valiente. Menos mal que está lo chic-lit para contrarrestar el efecto, porque no solo de dolor vive el lector.

En conclusión, si lo que quieres es escribir una buena historia, pero una buena de verdad, has de ser libre y fuerte. Porque escribir duele.

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P.D. Esta es mi última entrada de un año tan raro como irregular en todos los sentidos. Para terminarlo solo te deseo una cosa: que el año 2019 venga cargado de buenas historias, tanto en tus lecturas como en la vida real.


7 comentarios:

  1. Ohhhhh, Cris el dedo en la llaga. Me reconozco en gran parte de lo que cuentas, porque sí, para mi escribir también duele. Pero seguire haciendolo porque lo necesito y me gusta mas que las rosquillas de anís.
    Te deseo un 2019 lleno de maravillosos proyectos. Un besote grande, riquiña mia.

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    1. Yo a veces me bloqueo por eso, es otro tipo de bloqueo del escritor, supongo. Biquiños!

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    2. Es doloroso reconocer que he borrado párrafos por si lo lee X o Y. Trato de buscar lo positivo del dolor. Igual que dicen que la fiebre es necesaria para luchar con el virus, que eso significa que tu cuerpo responde, el dolor del escritor-lector es necesario (visto tal y como lo explicas) para reaccionar. Conecto con lo que escribes. ¡Feliz año!

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  2. Pues sí, todo implica un esfuerzo. Si no te das al cien por cien, difícil es que consigas algo. Feliz 2019!!!
    Besotes!!!

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