jueves, 5 de septiembre de 2019

Tengo mi blog bonito, ¿y ahora qué?


Había una vez una pareja que llevaba diez años junta. Eran dos personas que no encajaban del todo bien, chocaban en muchas cosas, tenían formas diferentes de ver la vida. Él miraba a otras por la calle imaginándose cómo sería una vida distinta con alguien diferente. Ella ocupaba su mente con más cosas de las que podía para no imaginarse nada.


A veces discutían mucho y otras ni se hablaban. Pero terminar la relación sería un fracaso, tenían demasiados amigos comunes que no sabrían cómo repartir y las miradas inquisidoras de sus familias apuntando directamente a la nuca. Así que se compraron un piso, por eso de tener un proyecto que les hiciera ilusión y que los uniera un poco más.

Eran muy distintos, así que elegir una propiedad que les gustase a los dos fue harto complicado. Los cuchillos volaban cuando hablaban de sofá chaise-longe o butacas; la cocina minimalista que ella quería acabó con una enorme isla en medio del salón y la bañera para relajarse con la que él soñaba se convirtió en un plato de ducha de dimensiones minúsculas.

La compra de su primera vivienda no había ayudado en nada a su relación, pero ¿cómo iban a dejarlo? Llevaban ya trece años y tendrían que empezar de cero, algo que con casi cuarenta daba más pereza que despertarse de la siesta. Así que pensaron que casarse sí les devolvería la ilusión.

Organizar la boda, cuando apenas se habían recuperado del desembolso de la entrada para su casa, fue todo un reto. Ella quería una boda íntima, y la hicieron todo lo íntima posible teniendo en cuenta que él tenía cuatro hermanos, diez tíos, veinticuatro primos, y amigos del colegio, del instituto, de la carrera, del primer trabajo, del segundo, del tercero, del gimnasio, del club de pádel... Y él quería darse el "sí quiero" ante Dios y acabó delante de un alcalde al que ni siquiera había votado.

Se fueron de luna de miel a un sitio típico con excursiones típicas. En cualquiera de aquellas tardes de sol las conversaciones más largas que mantenían eran del tipo "¿Quieres otro cóctel?" o "Vamos ya a cenar que van a cerrar el comedor".

Contaban con quince años de relación cuando decidieron que no podían seguir así, que tenían que arreglar aquello. Así que se les ocurrió, como a tantos otros, la solución definitiva a todos sus problemas: tener un hijo. Y todos sabemos cómo acaba esta historia...



Es muy gratificante crear un blog desde cero, ponerlo bonito, decidir qué secciones va a tener, poner tu foto de perfil, elegir la cabecera, hacer el primer artículo. Hace muchísima ilusión verlo terminado, mirarlo de arriba abajo y decir: "he aquí mi blog". Pero el verdadero desafío viene cuando tienes que escribir con cierta regularidad. Al principio tienes un montón de ideas, pero después o se te acaban, o las que tienes no te motivan ni te convencen demasiado.

Un día estás muy cansado de trabajar, otro tienes mucho que hacer en casa. Puede que tengas algún compromiso familiar, ir a comprar un regalo para alguien, un viaje programado... Y el día que por fin tienes todo el tiempo del mundo, resulta que están echando en la tele un programa de reformas de casas que se ha puesto interesantísimo y sientes la necesidad imperiosa de saber cómo acaba. Y, además, ¡oh!, mira, acaba de pasar una mosca...

Entonces, en ese preciso instante en el que te sientes culpable por tener abandonado a tu pequeño hijo blogueril, lo abres, decidido a escribir, y ves que la imagen no termina de convencerte, así que vuelves a darle otra vuelta más hasta que sientes que ya está lo suficientemente bonito como para volver a motivarte. O se te ocurre una idea nueva y decides que no tiene cabida en la temática de tu blog, con lo que creas otro, y vuelta a empezar con el proceso tan maravilloso del diseño.

Después de todo esto empiezas a leer un montón de artículos sobre cómo escribir en blogs, porque realmente no te apetece hacerlo. Y te das cuenta de que tienes tu página alojada en Blogger cuando todo el mundo sabe que el hecho de que no tengas visitas y a nadie parezca interesarle lo que escribes se debe a que no tienes un dominio propio en Wordpress, y no a que no tienes ni puta idea de lo que quieres hacer con tu blog ni de cómo encaminarlo.

Entonces subes un escalón en eso de diseñar cosas y te vuelves loco mirando cómo comprar un dominio, comparando precios, mirando el hosting, y ¿cómo vas a migrar todo tu contenido a ese nuevo sitio? Ese es otro mundo. Es cierto que apenas escribes, pero qué coño, si vas a pasarte a Wordpress hazlo con todas las de la ley, aunque haga tiempo que no escribes una mierda.

Que levante la mano a quien le haya pasado esto alguna vez. Vale, veo demasiadas manos alzadas, la mía la primera. Y por la autoridad que me da la experiencia déjame decirte que poner tu blog bonito una y otra vez no es la solución a tu bloqueo de escritor ni a la merma de visitas. Cambiarte a Wordpress no hará que escribas mejor ni que te lea más gente. Contratar a un profesional que te diseñe la cabecera no hará que escribas mejor ni que te lea más gente. Sacarte una foto de perfil decente no hará que escribas mejor ni que te lea más gente. Pagar un dominio propio no hará que escribas mejor ni que te lea más gente. Unificar tu nombre en todas tus redes sociales no hará que escribas mejor ni que te lea más gente.

No sé si la idea ha quedado clara ya, pero por si todavía no lo ves, déjame darte el consejo definitivo, y sí, gratis: Para escribir mejor tienes que escribir más, y para que te lea más gente tienes que escribir mejor, por lo que la solución pasa por escribir más.

Este verano no pretendía tener vacaciones en el blog, pero las tuve, y sin avisarte, ¡qué locuela! Y ¿sabes por qué? Porque estoy harta de decir que necesito un descanso para retomar la escritura cuando no es verdad. Para retomar la escritura tienes que escribir, tal y como estoy haciendo ahora, en agosto, escribiendo muchas cosas para poder publicar en el blog. Porque por mucho que el marketing no te guste hay una cosa en la que tengo que darle la razón, y es en que tienes que tener artículos en la recámara, porque si no, cuando tengas una semana en blanco porque no tenías nada preparado te agobiarás, y volverás a entrar en esa rueda maldita.

Este fue un sabio consejo que me dio Jaume Vicent. Intenté seguirlo, te lo prometo, pero al final no pude. ¿Sabes por qué? Porque la bolsa de ideas que tenía para seguir publicando no me interesaba ni a mí. Y eso no fue culpa del marketing, fue culpa mía, por escribir lo que se supone que debía en lugar de lo que quería.

Hay una tendencia desde hace unos años, de gente que habla sobre cómo vivir de lo que escribes. Hay tantas personas hablando de eso, que me consta que han generado una necesidad en otros de intentar hacer de la escritura algo más profesional, de llegar a su público objetivo y de finalmente, ¡oh! ¡sorpresa!, intentar vivir de lo que escriben, cuando en realidad no era eso lo que pretendían cuando empezaron, ni lo que buscaban en realidad. Y, ojo, no les estoy echando la culpa, cada quien es libre de hablar de lo que quiera y de vivir esto de la escritura como le plazca. Lo único que hago es constatar el hecho de que esto ha pasado, porque me consta.

Puede que no lo sepas, pero voy a contarte algo fundamental sobre mí: yo no quiero vivir de lo que escribo, porque si consiguiese semejante cosa, eso que hasta ahora me ha servido siempre de vía de escape se convertiría en una obligación, y no es ese mi objetivo con la escritura.

Después de unos años horribles estudiando y trabajando a la vez, luchando para salir de una situación laboral de la que no quiero ni acordarme, con el único fin de tener un horario normal para poder tener una vida medianamente normal, cuando por fin conseguí tener ese ansiado tiempo para escribir, justo en ese momento, no lo hice. Y no lo hice porque me encontré con la página en blanco, con una desgana provocada por el bloqueo. Estaba (y creo que aún lo estoy en cierta manera) tan agotada por tantas cosas, que el simple hecho de estar sentada mirando a una pared sin hacer nada y con la mente en ninguna parte era más tentador que dedicarme a cosas que siempre me habían gustado. Esto, en parte, vino porque estuve tanto tiempo con tantas cosas que hacer, que cuando dedicaba algunos minutos a algo como leer o lo que fuera que me gustase, no lo disfrutaba porque sentía que estaba fallándome al descuidar otras obligaciones, cuando todo el mundo sabe que desconectar de vez en cuando es tan necesario como dormir.

Todo eso generó una asociación extraña, y es que cuando pienso en leer o escribir siento rechazo ante la idea, porque creo que podría estar empleando el tiempo en algo de provecho, como sacarme un título de inglés que no necesito. Pero oye, una obligación siempre es mejor que una devoción, ¿no? Pues no.

Podría dejar el blog y dejar de escribir, pero sé de sobra que eso no me funciona, porque soy escritora, por mucho que sienta el síndrome del impostor cada vez que lo digo. No recuerdo ni un solo momento de mi vida en el que no estuviese inventando una historia. Déjame decirte algo que a muchos les cuesta asimilar: es de cobardes luchar contra lo que se es cuando se trata de algo bonito.

Otro de los consejos que me dio Jaume Vicent cuando miramos cómo enfocar mi blog fue: "Busca blogs de tu temática, blogs que te gusten mucho, luego piensa cuál es el que más te gusta. No se trata de copiarlo, si no de hacer las cosas a tu manera aprendiendo de los grandes". (Lo sé, Jaume, no fueron tus palabras exactas, pero se parecían bastante a eso).

Y me encontré con el nuevo blog que Izaskun Albéniz lanzó en diciembre de 2017, y pensé: "Yo quiero ser como ella, porque mola". Izaskun es puro noir todo el rato, y me encanta, pero yo no me refería a hablar también todo el tiempo de novela negra. Es algo que, según las reglas del marketing, debería hacer, tener artículos relacionados con el género que escribo, pero no se trata de eso. Lo que tiene Izaskun, lo que la hace especial, es que habla de cosas que le apasionan. Hay muchas más cosas relacionadas con la novela negra que podría tratar en su blog, pero ella habla de lo que realmente le gusta, y eso es lo que la hace especial. Eso es algo que yo no he tenido muchas veces en mi vida, pero que sí quiero, y es hacer algo que realmente me apasione.

Desde hace un tiempo he notado que me gustaban mucho más los correos que mandaba a mi lista de suscriptores que los artículos que publicaba en el blog. Esto se debía a que esos correos son más intimistas y personales, me abro más, soy, en definitiva, extremadamente sincera. Y he llegado a la conclusión de que eso es lo que me hace especial a mí: la sinceridad cuando hablo de la escritura.

Me he dado cuenta de que mi bloqueo, tanto a la hora de leer como de escribir, viene de la falta de sinceridad. Solo cuando estás dispuesta a aceptar la verdad es cuando puedes leer libros que den en el blanco y escribir cosas que hablen de lo que tienen que hablar. Me encerré en mí misma, y aún lo estoy en cierta manera, pero eso se tiene que acabar. De hecho, eso se ha terminado con este post, porque sinceridad no me falta al escribirlo, te lo puedo asegurar.

Darme cuenta de todo esto fue un proceso largo, a veces es más sencillo verte a través de los ojos de otros que tratar de analizarte a ti misma. Así la chispa que encendió esta llama fue todo aquello de lo que hablé con Adella Brac la última vez que quedamos. Voy a destacar, con su permiso (y no literalmente, porque nunca llevo una grabadora cuando quedamos xd!), tres cosas que me dijo:

- Yo no acepto consejos de alguien que sepa menos que yo (esta es una frase que le dijo una colega escritora a la que conoció en el Celsius de este año).

- Cris, tú me desconciertas, porque últimamente no publicas con una periodicidad determinada.

- Me dejé arrastrar tanto a esta tendencia que hay ahora de que tu objetivo debe ser poder vivir de lo que escribes, que acabé olvidando qué era lo que yo quería.

Cuando siento que me fallan las fuerzas para escribir quedo con ella, porque si yo fuera Popeye ella sería mi bote de espinacas. Cuando nos decimos "hasta la próxima", me voy pensando que ojalá pudiese escribir todas esas cosas de las que hablamos, porque realmente las hablamos con pasión. Y hoy me he preguntado ¿y por qué no puedo escribir sobre todo eso? ¿Por qué no puedo hablar de las series noir que me gustan, de todo lo que detesto en la blogosfera, de artículos con los que estoy de acuerdo o de las tendencias sobre marketing y escritura con las que no lo estoy?

Muchas veces resuena en mi cabeza esa frase de no aceptar consejos de quien sabe menos, pero es que yo no pretendo aconsejar a nadie y, aún así, creo que tengo derecho a quejarme de todas esas cuentas de Instagram con libros en color pastel que aborrezco y que tienen miles de seguidores, y a ensalzar que Izaskun haya juntado lo noir con los roscos de Pasapalabra para alegrarme el verano. Parafraseando a Umbral, yo he venido aquí a hablar de mis libros, y mis libros siempre son historias sobre cómo siento las cosas. ¿Por qué el blog habría de ser distinto? ¿Porque lo dicen los gurús de marketing?

Si quieres los típicos artículos sobre personajes inolvidables y sobre que los adverbios son tu peor enemigo... Encantada de haberte conocido, ahí tienes la puerta. Pero si quieres leer cosas reales que le pasan a una lectora y escritora real, déjame que vaya a por otra silla, en esta casa siempre habrá sitio para ti.

Todos los artículos de marketing te dicen cómo aumentar el número de seguidores. No, gracias, yo lo que quiero son compañeros de batallas escritoriles de calidad. Y llegar a esa conexión contigo, que me lees, igual que Truman Capote lo hizo conmigo en A sangre fría a pesar de contarme en las primeras páginas quién era el asesino. ¿Acaso no trata de eso la escritura?

10 comentarios:

  1. ¿Soy el primer comentario?

    Parece que sí ^_^

    Creo que has dado en el blanco, en lo que siente cualquier persona a la que le gusta escribir y se plantea abrir un blog.

    Me he encontrado yo misma con estas preguntas, salidas que luego son callejones, ideas que parecen buenas pero luego son un desastre (y lo sabes antes de empezar), plantearte a quien creer o cómo hacerlo... Todo esto yo, alguien que no ha tenido un blog en su vida xD

    En fin, creo que lo que hace especial a esta entrada es precisamente la sinceridad y simplicidad que desprende, porque todo el mundo en algún momento necesitamos escribir sin objetivo, sin público y sin intención de llegar a cierto número de visitas o comentarios: escribir por escribir, que de eso se trata al final.

    En fin, espero que, escribiendo y escribiendo, tengas aún más ganas de escribir y, quien sabe, a lo mejor alguien se engancha. Sin especialización, sin objetivo, sin tácticas de marketing. Solo por el mero hecho de que a alguien le llame la atención o le alegre el día o le deje pensando: solo porque tú has escrito.

    Suerte, éxito... no sé qué desearte. Creo que con un "espero que te hayas desahogado y te haya sentado bien" es más que suficiente.

    Un saludo ;)

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    1. Hola, Clara:

      Pues sí, aunque tengo los comentarios moderados, puedo afirmar y afirmo que el tuyo ha sido el primero :)

      Yo creo que muchas veces nos da miedo expresar cosas como estas, porque parecemos los únicos locos que tenemos miedos que pueden resultar absurdos. Es muy gratificante expresarlo en voz alta y veer que no estamos solos.

      Gracias por pasarte. Biquiños!

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  2. No sabes en qué medida me he sentido identificada con tu artículo. Sobre todo cuando mencionas lo del círculo vicioso de automotivarnos a escribir cambiando el diseño del blog. Creo que sin duda se trata de una de las situaciones más comunes para el eterno aprendiz de escritor. Siendo tan sólo una excusa, para no enfrentarnos a la realidad de que esa falta de inspiración y esa desidia ante el hábito de escribir lo estamos provocando nosotros mismos, de forma intencionada o no.

    Y estoy de acuerdo contigo: un escritor lleva consigo la necesidad de escribir en todo instante, haya o no quien lo lea. Así que sigue haciendo aquello que tanto te gusta y te llena, porque por encima de todo ERES ESCRITORA. ¡Olé, tú!

    Un abrazo.

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    1. Hola, Rebeca:

      Muchos se han preguntado cómo se convierte uno en escritor, y nadie ha dado una respuesta que satisfaga a todos. Para mí, escritor es el que siempre siente la necesidad de escribir y lo hace, publique o no, lo lean o no, cobre por ello o no.

      Gracias por venir a dar a este blog. Biquiños!

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  3. ¿Tú te has fijado alguna vez en el caos de blog que tengo? Un ejemplo, estrené novela la semana pasada y no me he acordado de poner una entrada contándolo. ¿Cambia algo? Pues aunque se pueda pensar que he perdido una oportunidad de oro, en realidad he ganado en tranquilidad y el libro está funcionando igual que si lo hubiera hecho, porque en realidad lo importante era otra cosa: escribirlo, ponerle pasión a eso. Mejor que yo lo contarán los lectores, tanto si es bueno como si es malo.

    Pero en el blog también vale eso, poner pasión a lo que vuelques en él, y si es una vez por semana, como si solo te da la gana de hacerlo una vez al año. Con que a ti te sirva, es suficiente.

    Ya vale de estresarnos por tonterías.

    ¿Te estoy dando consejos? Dame con un palo, que no los necesitas.

    Besos, Cris!

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    1. Lo tuyo es de traca, Mayte. Menos mal que los que te leemos ya sabemos de qué pie cojeas y estamos con los dos ojos bien abiertos por si sacas algo nuevo xd! Y sí, estamos atentos por tu pasión al escribir, sin duda.

      Todos los consejos son buenos, así tenemos donde elegir cuando no veamos la luz del faro que nos guía.

      Biquiños!

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  4. Vaya articulazo, guapa. Voy a tener que leérmelo 4 veces para sacarle toda la sustancia que contiene y que necesito inyectarme en vena, porque mi blog es un asco de abadono y dejadez.

    Toda una lección de sabiduría y elección personal.

    Besotes mil.

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    1. A veces cuando escribo este tipo de cosas pienso un poco en ti, porque tú y yo pecamos mucho de lo mismo. Así que lee esto las veces que quieras, pero dentro de dos jueves no, que hablo de ti y de otra cosa muajajaja. Biquiños!

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  5. He llegado a este artículo, post, entrada o como quieras llamarlo desde Twitter, vía Ana Bolox. Leí su comentario y, como me fío de sus opiniones, vine corriendo a leer esto.
    Cris: ¿Me has estado espiando durante los dos últimos años? Lo pregunto porque el relato que haces de los blogueros ambiguos y desorientados da en el clavo con mi reciente historia al cien por cien.
    Felicidades por haber sido capaz de darte cuenta de todo este intríngulis y, sobre todo, gracias por haberlo compartido tan generosamente.
    Ahora que ya he migrado de Blogspot (gratuíto) a Wordpress (con hosting y dominio propio), me estaba planteando la posibilidad de dar carpetazo y cerrar mi raquítico blog (A donde no he llegado es a plantearme la idea de que procreáramos, ¡afortunadamente!). Pero después de leer este artículo me voy a dar un tiempo para reflexionar y ver de encontrar la manera de disfrutar en lugar de sufrir con él; de quererlo en lugar de odiarlo.
    Gracias, Cris, y feliz blog o, mejor todavía, ¡feliz vida!

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    1. Pues sí, date un tiempo, Jorge. Porque alguien que pasa tanto trabajo creando un blog, migrando, al final es porque sí tiene algo que contar. Quien no quiere escribir ni sabe lo que es un blog, la mayoría de las veces. Muchas gracias por comentar. Biquiños!

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