¿Susto o muerte?



La escritora no tenía pluma ni máquina de escribir, tan solo un viejo folio y un lápiz desgastado. Para ella, escribir era terapia, pero no podía sacarlo todo de golpe, su mano no era tan rápida como su mente. Tenía que elegir. ¿Contaría el crimen del que había sido testigo silenciosa en aquel callejón la noche anterior? ¿O se daría la vuelta para comprobar qué era ese aire fétido que le erizaba el vello de la nuca?

Vosotros decidís por qué renglones torcidos queréis seguir. Sólo tenéis que pinchar en la imagen que prefiráis para pasar un buen rato... o no. ¿Os atrevéis a cruzar la línea?



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