jueves, 21 de noviembre de 2019

Tres cosas que aprendí sobre escribir escribiendo sin pensar


El otro día tuve un sueño muy tétrico: alguien conocido metía dos bebés que eran míos en formol y, por lo tanto morían. Cuando me enteré fui a buscarlo y le dije: "Si hubiera sido uno me habría callado, pero como los has matado a los dos, voy a tener que denunciarte".

La fase REM es muy absurda e incomprensible, todos soñamos, aunque no todos podemos recordar el qué. Hay miles de páginas dedicadas a la interpretación onírica que no me producen más que risa, porque de una misma historia nocturna puedes encontrar desde significados estupentásticos y fantabulosos hasta que vas a morirte mañana.

El 10 de octubre, cuando te hablaba del placer de escribir a mano, me propuse hacerlo durante un mes nada más levantarme, y sin presión, anotando desde sueños hasta cualquier tontería que se me pasase por la cabeza a primera hora. Y he sacado conclusiones muy interesantes:


1.- Lo que le va muy bien a alguien no tiene por qué servir para ti.

Esto es algo que ya sabía, pero me ha gustado comprobarlo. Escribir a mano no me sirve e imponerme una rutina no me sirve (tenía en mente finalizar este experimento tras un mes y lo acabé en el día número 22).

Soy escritora porque escribo, pero no quiero vivir de escribir, por lo que la escritura no es lo que está en la punta de la pirámide. Supongo que algunos escritores se escandalizarán por esto, pero es lo que hay.

Escribir es una evasión que me encanta y no estoy dispuesta a que deje de serlo por convertirme en una obligación. Sí pienso todos los días en lo que estoy escribiendo, y lo voy trabajando en mi cabeza, pero no escribo todos los días porque tengo otras cosas en mi vida que también me aportan felicidad.

No obstante, si eres escritor necesitas escribir, sea con la periodicidad que sea, y es por eso que publico todos los jueves y que envío un e-mail a mi lista de suscriptores el último sábado de cada mes. Hay épocas en las que escribo más, pero estos son mis mínimos y estoy contenta con ellos.



2.- El bloqueo del escritor por falta de ideas es una gran mentira

Las ideas nunca se acaban, nuestra mente es activa, y más cuando la dejamos libre, como cuando dormimos. Son nuestras propias expectativas respecto a nosotros mismos lo que nos impide seguir adelante.

Para escribir esta entrada he estado revisando todo lo que había escrito y muchas de esas notas son sueños que ni recordaba y que me han sorprendido. Podrían sacarse historias de ciencia ficción y también puro noir. Algunas tramas serían absurdas (como ese diálogo que te contaba al principio) y otras darían más juego. La verdad es que viví muchas aventuras en mis sueños, tan increíbles como estas:

Me crucé con personas que iban hacia alguna parte vestidos de gala, pero no llegaron.

Entré en una tienda con figuras de Castelao gigantes hechas de madera. La tienda estaba atendida por un robot que te perseguía si no comprabas nada. Un niño de 72 años con unos pantaloncitos cortos granates andaba en monopatín sujetándose a unos cables de corriente que colgaban del techo, produciendo una sensación de desasosiego e incomprensión muy grandes debido a su actitud.

Encontré una pista en el museo pulsando un botón escondido que hacía sonar una campana.

Visité una fábrica de madera donde unos troncos muy pesados se transportaban entre personas. El sitio era lúgubre y la gente era amable y arisca a la vez. La fábrica estaba en un castillo y todos huían de la cima de la montaña donde estaba ubicado.

Pagué una excursión que parecía llevar al infierno, aunque nunca lo sabré con exactitud.

Casi me condenan por robar una alitas de pollo, y ni siquiera estaban ricas.

Me fui a vivir a un pueblo donde tener pocos libros para leer era motivo de ostracismo.

Aprendí a desabrir puertas (no cerrarlas, sino conseguir que nunca hubieran estado abiertas, lo que es mucho más difícil), pero no recuerdo cómo se hace.


3.- Escribir sin pensar ayuda a escribir mejor

Durante esos días de experimento, cuando no tenía nada que escribir porque no recordaba lo que soñaba, ponía en el papel lo primero que se me ocurría. La mayoría de los días eran cosas absurdas que no vale la pena ni citar, pero en dos ocasiones se me ocurrieron frases que, hoy tampoco recordaba, pero que me representan muy bien:


La peor distancia es la que se pone con uno mismo.

Vivir para el futuro, sin estar en el presente, es arriesgarse a vivir para morir.


La conclusión que he sacado de estos veinte días de rutina es que un experimento a priori sencillo me ha mostrado resultados sorprendentes. Creo que uno aprende más de si mismo cuando no se analiza, cuando se deja más libre y se permite ser más como es que como cree que debería ser.

¿Te animas a hacer este experimento y contarme qué has anotado tú? ¿Has tenido alguna vez un sueño sin sentido que te apetezca contarme? Me encantaría leerlo en los comentarios.

6 comentarios:

  1. Uys, y ahora que no recuerdo ninguno de mis sueños...Recuerdo haber soñado con zombies cuando aún no estaba de moda ni The walking dead. Y yo tan tranquila... En la vida real yo creo que si me pasara, no me pilla ni Usain Bolt... Pero últimamente no recuerdo mucho de mis sueños.
    Besotes!!!

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    1. Mira tú, toda una visionaria. Si hubieras apuntado la idea te habrías hecho de oro en Jolivú :P A veces no recordar los sueños está bien, que te levantas con un mal sabor de boca... Biquiños!

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  2. Lo de desabrir puertas me ha flipado. Creo que esta noche pondré un cuaderno en mi mesita :)
    ¡Abrazo grande!

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    1. No entiendo cómo se me ocurren tantas barbaridades. ¿Podría salir en alguna novela de fantasía el poder de desabrir puertas? Me encantaría :P Biquiños!

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  3. Tuve una época en la que los escribía enu libreta, pero ahora mismo ni los recuerdo. Es un buen saco de ideas para historias, eso desde luego. Me alegra que te haya servido y que nos lo hayas contado. Un besote riquiña!!

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    1. Me ha servido para darme cuenta de que hay sueños que me atormentan durante días y luego olvido con gran facilidad, lo cual es muy, pero que muy curioso. Biquiños!

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