jueves, 17 de octubre de 2019

Cómo gestionar bien las redes sociales si eres escritor


En septiembre viajé a Nueva York y, cómo podrás imaginar, visité un montón de sitios. Fue como meterme en los paisajes de algunos de los libros que he leído.

Cuando recorres una ciudad tan grande se agradece llegar a destino y sentarte un buen rato a descansar mientras miras aquello que has ido a ver. Pero en este viaje me he dado cuenta de que me pasa algo que no le ocurre a la mayoría de la gente:

jueves, 10 de octubre de 2019

El placer de escribir a mano


Tengo la estantería de mi salón llena de libretas cuquis sin estrenar porque, lo cierto, es que solo escribo a mano dos veces al año: cuando me voy de viaje y encuentro postales chulas que me apetece enviar, y las postales de Navidad.

No sé si te ha pasado, pero las libretas bonitas tienen un efecto curioso en un escritor:

jueves, 3 de octubre de 2019

El turismo del horror


Dicen que Nueva York es la ciudad que nunca duerme, pero para mí es, más bien, el lugar en el que se puede comer a cualquier hora. La gran manzana huele a una mezcla extraña de especias y cemento (porque, además de comer, siempre están construyendo algo).

Como te contaba en el e-mail que envié a la lista de correo el sábado, la semana pasada he estado de visita en Nueva York, desnucándome al mirar tantos rascacielos, sorprendiéndome ante jardines en medio de edificios gigantes que esconden paseos literarios, y soñando nuevas historias mientras observaba a tanta gente tan diferente.

Dicen que la realidad siempre supera la ficción, y es cierto al cien por cien, por eso mirar a la multitud mientras camina hacia su destino es la mejor fuente de inspiración a la hora de construir personajes. Muchas veces pueden decirle a un escritor que lo que hace tal o cual personaje no es creíble, o es algo exagerado, y muchas veces puede un lector escéptico equivocarse, y te cuento por qué:

jueves, 26 de septiembre de 2019

La tiranía del lector


Cuando era una niña no me gustaba comer casi nada, no soportaba el pescado, no me gustaba la verdura y nunca probaba mis tartas de cumpleaños. Un día fui a pasar una semana de vacaciones a la casa de una amiga. Su familia vivía del campo, concretamente de vender pimientos de Padrón (siento el spoiler, pero nunca son de Padrón), así que solo podíamos pasar las tardes haciendo lo que nos diera la gana, porque por la mañana todos en esa casa tenían que ir al invernadero a recolectar.

A mí me educaron en el trabajo, la ayuda al prójimo y en ese horrible sentimiento de culpabilidad si no compartes el peso de la vida con los demás, así que decidí levantarme yo también a las siete de la mañana para ayudar, una manera de agradecer esas mini vacaciones en horario de tarde. Puede que no tuviera mucha idea de cómo se hacía aquello, pero decidí que diez pimientos en la cesta eran mejor que nada. Y se produjo en mí un cambio con el que no contaba.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Las mentiras del escritor


Tanto si eres escritor, como si eres un lector al que le gusta empaparse sobre todo lo que tiene que ver con la literatura, es probable que conozcas a un autor valenciano llamado Isaac Belmar (al menos, en el trocito de Internet en el que yo me muevo sí es muy conocido).

Isaac es como ese vaquero de las películas del oeste que siempre dispara primero en un duelo: tira a matar. Y aunque muchas veces dice cosas que no queremos oír, tenemos que darle la razón. Pero estos días he estado leyendo su último libro "Escribir mejor" y no he tenido más remedio que venir aquí a discrepar en algo:

jueves, 12 de septiembre de 2019

El extraño caso del blog horribilis que atraía visitantes


El otro día estaba en casa de mi madre a la hora de la puesta de sol, estábamos ella, mi pareja y yo sentados en el sofá, hablando de cómo va la economía china y del valor de todas las acciones que no tenemos en bolsa, vamos, lo típico en una familia típica española. De repente, miramos por la ventana y ante nuestros ojos se mostraba un cielo violeta espectacular.

Mi pareja sacó una foto con el móvil (porque de haber tenido su cámara habría bajado al exterior y aún no habríamos cenado hoy) y se la enseñó a mi madre. El comentario de mi madre al ver la foto en el móvil después de mirar por la ventana me descolocó:

jueves, 5 de septiembre de 2019

Tengo mi blog bonito, ¿y ahora qué?


Había una vez una pareja que llevaba diez años junta. Eran dos personas que no encajaban del todo bien, chocaban en muchas cosas, tenían formas diferentes de ver la vida. Él miraba a otras por la calle imaginándose cómo sería una vida distinta con alguien diferente. Ella ocupaba su mente con más cosas de las que podía para no imaginarse nada.